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Programa ambiental del consejo escolar
La degradación ambiental, al menos en la forma como la conocemos, es un fenómeno humano. Es decir, se presenta asociada con el hombre: ahí donde éste vive o trabaja; ahí donde pone su pie, en una forma u otra, en mayor o menor grado, el ambiente se ve afectado. Así vista la degradación ambiental, se trata de un fenómeno antiguo, tanto como la humanidad. Es también un fenómeno universal, en la medida que se la encuentra en prácticamente todos los rincones del mundo, habitados o no, como lo pone en evidencia la existencia de contaminantes en lugares donde el ser humano no ha estado, sean la atmósfera, los polos y aún las llamadas tierras vírgenes, a donde el viento, la lluvia y las corrientes marinas han llevado substancias contaminantes generadas, a veces a miles de kilómetros, por la acción del hombre. Es un fenómeno multifacético, ya que se la observa en muchas y variadas formas. Es multicausada, que quiere decir que son muchos los factores que la crean, los cuales pueden actuar solos, aunque lo más frecuente es que se combinen para producir sus efectos perversos. Cabe decir también que es polivalente, en el sentido que ataca todos los ámbitos de la realidad, genéricamente dichos, el agua, la tierra y la atmósfera. Sus efectos son, como sus causas y por lo que hace al hombre, multivariados, al grado que lo afectan, a veces gravemente, en todos los aspectos de la vida individual y social, particularmente en su salud y en la disponibilidad de satisfactores para sus necesidades. Finalmente, cabe decir que, desde la perspectiva de las magnitudes que ha alcanzado, es un fenómeno de nuestro tiempo, lo que quiere decir que nunca antes en la historia de la humanidad había registrado los niveles y las repercusiones vistos en los últimos treinta años.
Si bien es cierto que la preocupación por el deterioro del medio ambiente data de antiguo, también lo es que la inquietud ante dicha problemática nunca había sido tan alta, al grado de la alarma, como ahora. Además, dicho desasosiego ha adquirido naturaleza universal, yendo desde el mundo íntimo del ser humano hasta el seno de sus organizaciones más complejas. En tal virtud, el examen de la degradación del medio, esto es, sus manifestaciones, causas, consecuencias y formas de enfrentarla, ha tenido escenarios tan diversos como la conciencia individual y los foros convocados ex profeso por la Organización de las Naciones Unidas, pasando por los estudios y reuniones a cargo de organismos regionales, gobiernos nacionales y provinciales, y organizaciones políticas, gremiales, civiles y académicas. No ha habido prácticamente ningún aspecto de la contaminación ambiental que no haya sido debatido. La crudeza, los criterios, las intenciones, los métodos y la conclusiones habrán sido disconformes, pero no el interés puesto en el escrutinio de las cosas. La razón de tanta diversidad es simple: el hecho preocupa a todos.
Las medidas adoptadas han sido muchas y variadas, correspondiendo cada una o cada conjunto de ellas a la naturaleza del órgano emisor: sanciones, reglamentaciones, restricciones, apoyos financieros, estudios, educación figuran en esta lista. Los gobiernos nacionales, regionales y locales, por ejemplo, han respondido con medidas restrictivas aplicables a ciertas prácticas productivas consideradas dañinas desde la perspectiva ecológica y con reglamentos sobre la forma como habrán de realizarse determinadas actividades económicas. También han expedido disposiciones para la información y la educación de la sociedad sobre diversos aspectos de la gestión individual y social que afectan el medio y sobre formas de hacerle frente, empezando por aquellas que, sin gran esfuerzo y gasto, pueden evitarla o disminuirla. La incorporación de contenidos didácticos en los programas de educación básica, la formación de promotores de educación ambiental y las campañas de medios de alcance global forman entre estos últimos.
El énfasis puesto en este renglón está ampliamente justificado. Existe acuerdo casi unánime en que la lucha contra la contaminación, a la par de medidas reglamentarias, requiere de una sólida conciencia pública de las causas y efectos de la contaminación del ambiente, y de que si no se actúa ahora con decisión y eficacia, el panorama se verá recrudecido. Se acepta también que en tarea tan importante nadie debe mantenerse al margen, ya que a la vez que todos somos contaminadores, si bien en grados y formas diversas, no hay nadie que no pueda aportar algo, así sea de modesta magnitud e impacto. A veces, basta con dejar de hacer para contribuir, como es el caso del abandono de conductas individuales que dañan el ambiente o los recursos. Barrer las banquetas a manguerazos, quemar llantas de hule, arrojar desperdicios en la calle, quemar árboles sin razón, ilustran el caso anterior. Finalmente, también se está de acuerdo en que debe actuarse en todos los ámbitos espaciales, lo mismo en cuencas de ríos que en playas extensas que en los más cercanos al individuo, como su casa, su calle, su barrio y, significativamente, su escuela o la escuela de sus hijos o aquella en la que estudió. Puede resumirse lo dicho en este párrafo de esta manera: el combate de la contaminación es asunto de tener conciencia clara del problema, de adquirir compromisos definidos para enfrentarla y de una conducta positiva y participativa, tanto en la realización de acciones de impulso propio como en las que surjan de la iniciativa de otras personas, de organizaciones privadas y del gobierno mismo.
Los Consejos de Participación Social en la Educación figuran entre los espacios donde los individuos pueden involucrarse en la realización de acciones de beneficio colectivo. Están constituidos, como es sabido, por maestros de las escuelas, alumnos, autoridades escolares, dirigentes sindicales, padres de familia y aun por vecinos, a quienes mueve el interés por servir a los demás. Son esos consejos verdaderas asambleas deliberativas, toda vez que en su seno, con toda libertad, se plantean temas y problemas que frecuentemente convocan el interés colectivo. Se discute en un ambiente democrático y con tal espíritu se toman decisiones usualmente factibles y beneficiosas. Una obra material, la adquisición de un bien, cierta gestión ante la autoridad, la apertura de un programa educativo y la participación en un proyecto escolar, pero que de alguna manera atañe al vecindario, figuran entre los asuntos más frecuentemente tratados en dichos consejos.
En los últimos tiempos, ha ocupado la atención de los consejos de participación social el problema de la contaminación ambiental y la preservación de los recursos naturales. En tal virtud, crecientemente se han visto involucrados en la formulación de programas de claro corte ambiental. El ámbito de acción de tales programas es la escuela y su entorno. La convocatoria para participar en ellos contempla a todos los miembros de la colectividad, esto es, alumnos, ex alumnos, padres de familia, autoridades educativas, representantes sindicales, maestros y vecinos motivados por trabajar en asuntos ambientales. El núcleo es la escuela, donde el programa establece la realización de ciertas acciones muy concretas y definidas para el saneamiento del plantel. Sin embargo, el horizonte se extiende hasta la comunidad o el entorno de la escuela, ya que se estima que las acciones que beneficien al plantel también han de afectar positivamente al núcleo poblacional al que sirve.
Si bien es cierto que dicho programa tiene esos escenarios de actuación, no debe omitirse decir que obedece a una iniciativa interinstitucional. Con una clara visión y un definido compromiso, la Secretaría de Planeación y Desarrollo Social del Gobierno del Estado, las secciones 27 y 53 del SNTE y el Secretariado del Consejo Estatal de Participación Social en la Educación han conjuntado esfuerzos para impulsar este importantísimo programa de innegable corte educativo. La reglamentación operativa establecida por las instancias convocantes prevé que las escuelas que deseen participar en el programa descrito soliciten su inclusión. Para ese efecto, deben llenar un formato en el que se consigna el nombre del la escuela, su nivel y ciertos datos sobre los responsables de coordinarlo. Asimismo, deben seleccionar el área en la cual centrarán sus trabajos de entre las cuatro opciones siguientes: Basura, agua, energía y los árboles. Tal selección la realizará el Consejo Escolar, previa deliberación en la cual se discutirán los problemas más acuciantes de la escuela y su entorno en el campo de la salud ambiental. Acordado el tema, proceden a elaborar el programa que desarrollarán. Para ese objeto, deberán llenar un formato que le es proporcionado por los convocantes. En él, consignan las actividades concretas que realizarán, los recursos que utilizarán, los tiempos, los responsables y los productos esperados. De cumplir con los compromisos libremente asumidos, reciben un banderín verde como constancia de que la escuela fue capaz de mantener la escuela limpia y mantener los árboles que les fueron donados.
Es importante decir que en la realización de los trabajos, los miembros del Consejo Escolar no están solos. Ya desde las primeras actividades reciben orientación y capacitación de parte de promotores específicamente entrenados para tales menesteres. Dicha capacitación se realiza con apoyo de materiales educativos que han sido diseñados expresamente para ese propósito, material que incluye trípticos, manuales, folletos, diapositivas y cintas audiovisuales.
Gracias a ello, a la fecha, han recibido capacitación alrededor de seiscientos profesores y padres de familia que en su turno han llevado la preparación recibida al resto de los miembros del Consejo Escolar.
Dadas las bondades del programa, se espera que en lo que resta del ciclo escolar, más escuelas se incorporen en las tareas propias de este programa tan importante para la protección y mejora del ambiente en que vivimos.
Profa. María Cristina Cairo Martínez.
19-nov-04.
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