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Campaña de donación del juguete bélico
En los últimos años, hemos visto con preocupación cómo se ha incrementado el índice de hechos violentos en nuestro estado. Indudablemente, esta preocupación es compartida por las autoridades, quienes, muy a su pesar, no han logrado reducir dichos índices criminales.
Sabemos que no es privativo de nuestra región; pero eso no debe ser un pretexto para quedarnos con los brazos cruzados y dejar que la delincuencia organizada haga de las suyas, al fin que lo mismo sucede en otras latitudes del país.
El hecho de que estas bandas de criminales sigan apropiándose de nuestra tranquilidad con total impunidad, da pauta para las suspicacias y para dudar de la actuación de las autoridades responsables de frenar esta ola de violencia.
Pero nuestro papel no es el de criticar o culpar a nadie. Creemos que debemos ser propositivos y, en vez de señalar los errores, presentar una opción que nos permita ofrecer un futuro más favorable a las nuevas generaciones.
Es en este sentido que algunas instituciones han unido esfuerzos y buscado alguna forma que, a partir de sus posibilidades, incida en este proceso que cada día nos socava más como sociedad dedicada al trabajo y al desarrollo armonioso de nuestras actividades cotidianas.
Ya no queremos que en el exterior se siga pensando que Sinaloa es tierra de narcotraficantes. Aquí también tenemos gente valiosa, trabajadora, honesta, responsable, que día a día se arriesga a salir a las calles a ofrecer lo mejor de sí para tener una sociedad más comprometida, una sociedad más progresista.
Este sentir lo encontramos en todas partes de nuestra geografía: en la costa, en el llano y en la sierra. Los sinaloenses sólo quieren que los dejen trabajar, quieren sentir la seguridad de que al salir a la calle no se van a topar con un fuego cruzado que termine con sus vidas, en un encuentro entre criminales que se disputan el poder y el control de los mercados.
Quizá por eso, a veces encontramos rostros duros, impenetrables, violentos, ansiosos por llegar a sus destinos, sin importar si se infringen las leyes de tránsito o no. La civilidad está lejos de nuestro territorio; por eso es imprescindible que la sociedad haga algo al respecto.
Las organizaciones civiles son las llamadas a dirigir este tipo de acciones. Es necesario un gran movimiento social que impulse el respeto por la legalidad y el rechazo total a cualquier acción criminal o delictiva. Pese a sus esfuerzos las autoridades han demostrado su incapacidad para darnos la seguridad y la tranquilidad que todos deseamos.
Al margen de que se desarrollen actividades deportivas y recreativas para niños y adolescentes, que son los más afectados por este fenómeno, debemos promover en ellos actitudes y comportamientos que les permitan fortalecer una cultura de la legalidad y de la convivencia. No olvidemos que ellos serán los futuros gobernantes de estas tierras. ¿Qué futuro le espera a nuestra región con actitudes despreciativas por la vida?
Cada uno, desde su ámbito, desde sus posibilidades, está obligado a hacer su aportación para que el estado actual de cosas cambie, en beneficio de los niños, de nuestros jóvenes, en beneficio de Sinaloa.
Creemos que la educación es una forma en que se puede atacar el problema. Pero no sólo la educación escolarizada. Día con día debemos educar a nuestros hijos para que no caigan en actividades anómalas. El ejemplo, se ha dicho, es el mejor maestro. Los adultos debemos dar ese ejemplo, en nuestras manos está acabar con los actos de corrupción que tanto socavan la débil estructura democrática sobra la que se asienta nuestra sociedad.
Si nuestros niños ven que somos congruentes entre nuestro decir y nuestro hacer, ellos harán lo mismo. Eso ya está comprobado. Pero si les decimos que no deben hacer algo que nosotros hacemos, ¿cuál es la enseñanza que les estamos dejando?
Se ha dicho también que el hombre es el único animal que se hace daño conscientemente a sí mismo, y al hacerlo también daña a las nuevas generaciones. ¿Debemos, por eso, dejar que las cosas sigan como van? ¿No somos capaces de cambiar en nuestro propio beneficio? Si nosotros cambiamos para bien, también lo harán nuestros niños. ¿Qué nos cuesta?
Por todo lo anterior, con la finalidad de incidir en la reducción de los índices de violencia que se registran en el estado, el Comité Estatal de Participación Ciudadana del Consejo Estatal de Seguridad, la Sección 53 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la Secretaría de Educación Pública y Cultura diseñaron, implementaron y llevaron a cabo la Campaña de donación del juguete bélico, cuyo objetivo fue que los niños de todas las escuelas del estado donaran sus juguetes bélicos para, en una ceremonia simbólica, ser destruidos por una aplanadora.
La donación tenía que ser, necesariamente, voluntaria, pues los niños debían tener conciencia de que, al hacerlo, contribuían para un Sinaloa más pacífico, un Sinaloa que todos los niños sinaloenses merecen, y que los adultos no hemos sido capaces de proporcionarles.
Para llevar con éxito tal actividad, se implementó una campaña de concientización entre los padres de familia, maestros y, obviamente, los alumnos de las escuelas primarias del estado. Este programa se desarrolló con una visión muy clara en sus propósitos: fomentar en las nuevas generaciones la cultura del respeto a la legalidad y de la sana convivencia social, razón por la cual, consideramos que debe ser una campaña permanente, independientemente de los cambios de gobierno.
Sus objetivos son promover en la niñez sinaloense el rechazo a toda manifestación de violencia; estimular desde edad temprana en los sinaloenses la participación en todas las acciones que promuevan la prevención del delito; e inculcar en los infantes el peligro que representan las armas de fuego.
Naturalmente, todas las armas son peligrosas, independientemente si son de fuego o no; pero consideramos que éstas lo son aún más, debido a su efectividad en su uso y a lo común que resulta que se disparen accidentalmente.
Esta campaña se instrumentó simultáneamente en los 18 municipios del estado, realizándose reuniones previas entre los comités de Consulta y Participación de la Comunidad y la Sección 53 del SNTE, con el objeto de diseñar la mecánica operativa en cada municipio, a efecto de alcanzar los mejores resultados posibles.
En este sentido, los comités de Consulta y Participación de la Comunidad llevaron a cabo reuniones con los distintos sectores de la iniciativa privada para exhortarlos a apoyar, en la medida de sus posibilidades, esta campaña.
Como premio, a cada niño que donó su juguete bélico se le entregó un juguete educativo para fomentar en él la creatividad y su desarrollo integral.
Con todas las limitaciones que representa desarrollar una campaña de este tipo, las instituciones involucradas echaron a andar los recursos disponibles, logrando ver coronados sus esfuerzos durante los años 2002 y 2004; pero sabemos que todavía falta mucho por hacer, y campañas de este tipo no deben quedar sólo como escaparates ocasionales, sino que deben seguir desarrollándose en beneficio de nuestra niñez y del futuro de nuestra región, futuro que incidirá en el futuro del país.
Nos hemos dado cuenta que este tipo de campañas son indispensables para la buena marcha de una sociedad, campañas que deben ser promovidas por toda la sociedad en su conjunto, pues son para su propio beneficio y para darles una mejor educación a sus hijos.
Sabemos que no es todo, que faltan muchas cosas por hacer. Toca a los grupos sociales, a las instituciones, poner todo lo que esté de su parte para que estas actividades lleguen a buen término. Es un buen comienzo y creemos que vamos por buen camino. Quizá en estos tres años que llevamos desarrollando la campaña no se vean unos resultados palpables; pero la niñez y la juventud están ansiosas por encontrar nuevos cauces a sus inquietudes. Es nuestra obligación ofrecerles esos cauces para que no se desvíen hacia conductas antisociales o criminales.
Estamos convencidos de que el problema que vive actualmente nuestro estado se puede resolver educando a nuestros niños en la convivencia y en la armonía con sus semejantes. No debemos permitir que grupos facciosos nos quiten la tranquilidad que tanto anhelamos ni que nos arrebaten la inteligencia infantil en aras de sus mezquinos intereses.
Por eso, nuestro deber, así como el de todo sinaloense, es fomentar en nuestros niños el amor a la vida, y que esta vida la puedan ellos desarrollar en paz consigo mismos y con sus semejantes: no armas, no violencia.
Ésta es nuestra aportación. Estamos seguros que habrá más, y que otros grupos sociales buscarán conjuntamente acciones que nos permitan atacar de frente problemas tan lacerantes como es la violencia. La violencia engendra violencia; por eso, lo primordial es acabar con ella. Pero no atacar la violencia con violencia, sino con educación. Una sociedad educada es más difícil que sea arrastrada hacia su propia destrucción.
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